Busca que te busca entre aquellos papeles viejos, que hoy suelen ser archivos en el disco de la compu, me encontré con que ya hace un año, el sector alimentos y bebidas generaba el 23 por ciento del empleo laboral de la provincia de Buenos Aires; estadística esa que nos cuenta acerca de la cantidad de compatriotas que se ganan la vida produciendo aquello que, con el aire y el agua, simplemente el agua, es esencial para la vida misma. Los papeles decían también que el morfi y el chupi representaban, en forma creciente, el 18 por ciento del valor agregado industrial.
“El sector de los alimentos y bebidas ocupa un papel fundamental en este modelo de desarrollo con inclusión social que impulsa el gobierno nacional con el gobernador Daniel Scioli en la Provincia, y que apuesta al desarrollo de inversiones, la innovación y a dotar a nuestros productos de alto valor agregado para que sean competitivos en el interior y en mercados internacionales”, afirmaba un años antes de las elecciones del pasado 23 de octubre un alto funcionario del gobierno provincial.
Debe ser por eso y por otros tantos motivos que los argentinos la votaron tanto a Cristina Fernández de Kirchner, y al gobernador Sicoli, ahora acompañado éste por un Gabriel Mariotto que acaba de decir el viernes, en las instalaciones quela UOCRAtiene en Esteban Echeverría (sur del Conurbano bonaerense) y ante 4.000 militantes, que la construcción política necesaria para acompañar a Cristina y sus políticas de transformación nacional “se hace de abajo hacia arriba”, y con participación popular en el diseño de propuestas concretas para gobernar y gestionar.
Pero también traigo a cuento esas referencias para justificar un interrogante que llevo dentro y sin respuesta desde hace mucho tiempo, siendo que muy extraño me resulta el silencio de la realidad en un territorio que tanto manduque y escabio produce.
Cualquiera de nosotros sabemos de, nos solazamos y solemos disfrutar del más variado universo de empanadas, habiéndose entablado hace tiempo, entre quienes nos ocupamos de estos haceres y saberes del comer como patrimonio cultural intangible de los pueblos, una apetitosa polémica acerca de cuáles son mas sabrosas, para el gusto de cada uno, por supuesto: si las empanadas salteñas, o las jujeñas, o las mendocinas; o las de Tucumán o las de carne dulce de los entrerrianos, por ejemplo; sin de dejar de tener en cuenta a las que creo sí existen como propias, las porteñas, pero casi nunca le hincamos el diente ni mucho verbalizamos a las bonaerenses con identidad propia.
¿Por qué? ¿Por qué no existen? ¿Pero alguna vez sí existieron? ¿Y si así fue, que sucedió con ellas? ¿Dónde están? ¿Cómo son, fueron o serán? ¿Acaso estamos ante la historia de una vida, pasión y muerte, la de las empanadas de la provincia de Buenos Aires?
¡Sí existieron! Y entre otros tantos papeles y documentosword (¡qué palabreja! ¡ja!), encontré la prueba de semejante afirmación; no se de su autoría, que no es mía, aunque paso a compartirla con ustedes:
“En tiempos de Rosas parece que Buenos Aires quiso no ser menos (que otros territorios de la patria) y tener su empanada propia. Fueron las empanadas federales, que luego se conocieron en la pampa húmeda y a las que también se llamó empanadas de misia Manuelita; porque es verdad que a la hija del Restaurador la atraía el arte de la cocina y cabe admitir como probable que ella misma haya sido la inventora del curioso relleno que las distinguía. Las empanadas federales no incorporaban a su relleno carne vacuna sino de gallina o pollo hervido y, extrañamente, incluían el agregado de peras cortadas en cubos y cocidas con azúcar, con clavo de olor; lo que las dotaba de un cierto toque dulzón también propio de otras empanadas provincianas (ya mencione las de Entre Ríos)”.
¿Por qué no recuperar entonces cierta tradición cara a los que siempre se llamaron vanguardistas, y redactar un manifiesto? ¿O estar más a tono con los tiempos y pensar en una organización social y cultural que bregue por la recuperación de la empanada federal? Por lo pronto aquí planto un propuesta concreta, que como toda iniciativa de acción política, requiere de una convocatoria clara a la movilización popular: ¡Luche y Volvemos, que somos empanadas, y de la provincia de Buenos Aires!
Y para que nada de esto quede en tan sólo palabras, pese a que muchas veces me pregunto si acaso hay algo más entre los humanos (¡por suerte!), vaya entonces una variación contemporánea al opus de Manuelita.
Para hacerla corta se pueden comprar los discos ya elaboraditos y embolsados, que no son malos, y sobre todo prácticos; una gallina, si la consiguen, o en su defecto un buen pollo de campo, arrogante el muchacho pero no importa; y el resto de los elementos.
Meter pasión incontrolable en un relleno a base de las carnes pollunas despellejadas y hervidas, con un salteadito posterior en aceite o grasa, con peras pasas remojadas en vino seco, ajos, cebollas, apenas si un clavo (el de olor), sales, pimientas, ají molido y yo sugiero tomillos. Ojo con el repulgue y al horno, que fritas deben ser gloriosas, pero bueno, que ustedes ya saben. Y cante, cante compatriota bonaerense…¡Volveremos, volveremos, las empanadas de don Juan Manuel¡.